A un paso de Cantabria, en la montaña palentina, se esconde uno de los
espectáculos geológicos más asombrosos y desconocidos del norte
peninsular.
A muy poca distancia de la localidad de Santa María de Redondo –la que se encuentra a mayor altitud de todo el valle del Pisuerga–, El Ribero Pintado irrumpe en el paisaje con una explosión de colores que parece sacada de un lienzo abstracto. Se trata de un lugar donde la geología se ha convertido en arte, donde la erosión, lejos de destruir, ha diseñado una obra maestra.
Este llamativo rincón de la geografía de España es poco conocido entre los viajeros pero de extraordinaria belleza y singularidad. A pesar de lo que pudiéramos pensar, no es una montaña ni un pico, sino una herida abierta en el costado de una ladera, una “pantalla” que revela al mundo los secretos de las entrañas de la Tierra que llevan allí durante cientos de millones de años,,,
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